En redes sociales y grupos de WhatsApp, sobre todo de la ciudad de El Alto, se gesta un fenómeno preocupante: personas que organizan viajes a Desaguadero, en la frontera con Perú, para llevar a ciudadanos bolivianos a escanear su iris en las oficinas de Worldcoin, una empresa internacional cuestionada en varios países por el manejo de datos biométricos.

Los organizadores ofrecen transporte y “asesoría” a cambio de quedarse con parte del pago en criptomonedas que la aplicación entrega por cada registro. En la práctica, se trata de un negocio informal que trafica con información personal extremadamente sensible, como es el iris de los ojos.
Worldcoin fue fundada en 2019 por Sam Altman y Alex Blania bajo la empresa Tools for Humanity. Su promesa es entregar criptomonedas a cambio de que las personas validen su identidad mediante el escaneo ocular con un dispositivo llamado Orb. Sin embargo, aunque se publicite como un proyecto de inclusión digital, la compañía ya ha sido prohibida en países como España, Francia, India, Kenia y Portugal por las serias dudas que levanta sobre la protección de datos y la posibilidad de uso indebido de esa información.

En Perú, donde la compañía opera con libertad y ya tiene varias oficinas, las autoridades iniciaron investigaciones a través de la Autoridad Nacional de Protección de Datos Personales. Pero en Bolivia, ni la Autoridad de Regulación ni el Ministerio de Justicia se han pronunciado, pese a que ciudadanos bolivianos están entregando sus datos biométricos en la frontera sin ningún tipo de resguardo legal.
Especialistas en ciberseguridad y derechos digitales advierten que la información recogida por Worldcoin podría ser usada con fines comerciales o incluso ilícitos, y que su almacenamiento fuera del país deja a los ciudadanos completamente indefensos. Asimismo, el hecho de que uno de sus objetivos sea, según Astrid Vasconcellos representante de Tools for Humanity: “respaldar procesos democráticos globales” muestra su lado político.
Mientras que en El Alto, La Paz y Oruro proliferan publicaciones que invitan a “viajar a Desaguadero para ganar dinero fácil”. Lo que para muchos parece una oportunidad económica, en realidad podría convertirse en un grave caso de vulneración de derechos y explotación de la pobreza en Bolivia.